Desde que se declaró la pandemia del coronavirus, Alejandro Costa ha sido la cara visible de los datos que el Estado difundía acerca de contagios y fallecimientos por efecto de la Covid-19. El subsecretario de Estrategias Sanitarias del Ministerio de Salud Pública de la Nación hace una pausa en la charla con LA GACETA y el silencio y la reflexión lo rodean cuando se le consulta todo lo que vivió a lo largo de estos casi nueve meses de pandemia y cuarentenas. “Transmitir lo que estaba pasando y lo que pasa es una enorme responsabilidad porque son estadísticas sensibles; porque detrás de esos números hay historias de vida”, indica. Confiesa que no se ha contagiado de coronavirus, porque adoptó las medidas de bioseguridad que el área que conduce Ginés González García difunde desde antes de la llegada del virus. Relata que estuvo en zonas de alta exposición como el norte salteño. “Las medidas preventivas deben ser permanentes, incluso después de la llegada de la vacuna”, afirma en la entrevista que ayer concedió a nuestro diario, al encabezar una misión de exploración para observar el plan de vacunación masiva diseñado por el Gobierno tucumano.

-¿Cómo analiza la situación sanitaria observada en el país desde que arrancó la pandemia?

-Desde el punto de vista sanitario, frente a la aparición de un virus con una alta capacidad de diseminación, la Argentina mostró una gran capacidad de toma de decisión política y de responsabilidad social que permitió tener el tiempo necesario para reconocer el problema y comenzar a construir soluciones argentinas a un problema mundial. La conducción política fue transmitiendo la información y el conocimiento para que la población sea partícipe activo de la estrategia sanitaria y eso se demostró en la responsabilidad social. Mientras tanto, había que preparar un sistema de salud. A diferencias de los países asiáticos y europeos, nosotros tuvimos tiempo para hacerlo y se adoptaron medidas preventivas como el aislamiento, el distanciamiento, las normas de higiene para enfrentar al virus.

-¿Valió la pena tener la cuarentena más larga del mundo?

-Valió la pena porque permitió fortalecer la conducción política, la responsabilidad social y el sistema de salud. Nos enfrentamos a un virus que tiene la capacidad de enfermar y de producir malos resultados en las poblaciones. Estamos haciendo el máximo esfuerzo para tratar de morigerar el impacto de la Covid-19. Si no hubiéramos tomado las medidas que adoptamos el impago viral pudo haber sido mayor. Creo que fue la más inteligente de las estrategias sanitarias que pudimos tener. El tiempo dirá qué países tuvieron, como resultado, un mayor o un menor impacto de la pandemia.

-Hoy, en la Argentina, muchos se preguntan: ¿me coloco la vacuna rusa?

-La respuesta es que la vacunación es una estrategia preventiva desarrollada tecnológicamente en el más eficiente tiempo posible para obtener el mejor resultado en el menor tiempo. Se está investigando y se seguirá haciéndolo. Debemos tener confianza. La Argentina está observando muy seriamente y de cerca los estudios de investigación que se llevan adelante. Paralelamente, se toman en cuenta las opiniones de las distintas entidades regulatorias de cada país, como también lo hará la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat). Lo que se busca es contar con la evidencia científica que surge de la investigación y de los aspectos regulatorios para establecer que la vacuna sea eficaz y segura. En este Gobierno hay la misma voluntad que la establecida desde el primer día de gestión: cuidar la salud del pueblo argentino. La incorporación de una vacuna dentro de la estrategia preventiva será bajo la lógica de la eficacia y de la seguridad. Me colocaría la vacuna que haya pasado por todas las medidas protocolizadas de estudio de investigación y de aprobación por las autoridades regulatorias.

-¿La Sputnik V (vacuna rusa) ha recorrido ese camino?

-En estos momentos, se están comenzando a presentar los resultados preliminares de sus estudios de investigación; también los datos de las autoridades regulatorios y, mientras se convalida eso, también se realizan visitas oficiales a países productores para ver in situ el proceso de elaboración. Cuando se cumplan esos requisitos se brindará la vacuna a la población. Una vez que eso suceda, como se hace con cualquier medicamento o tecnología, se realiza un monitoreo permanente para establecer cuáles pueden ser los potenciales eventos adversos que se puedan producir. Si se detectara alguno, se tomarán las medidas. Farmacovigilancia se seguirá haciendo una vez que estemos en período de aplicación de la vacuna. Y estos procesos sucederán con todas las vacunas que se dispongan en el mercado.

-¿Qué impresión se lleva de la misión realizada en Tucumán?

-Estamos analizando la logística de vacunación en todas las provincias. Particularmente la cadena de frío que se requiere para la conservación de las vacunas. De la misión participan también Claudio Ortiz (director nacional de Calidad en Servicios de Salud) y Mario Strasorier (director de Redes Integradas de Servicios de Salud). Valoramos el ímpetu que ha puesto Tucumán para fortalecer el sistema de salud, como lo hicieron otras provincias. Tucumán ha mostrado acciones importantes para dotar al sistema de más camas para pacientes con Covid-19, para incorporar gases medicinales dentro de los hospitales y el aumento de los recursos humanos que se requirió durante la pandemia. La acción del Estado debe ser acompañada por la responsabilidad social para cumplir con el distanciamiento, higiene respiratoria y aseo personal para evitar el contagio, más allá de que llegue la vacuna. Tucumán está comprometida con una estrategia de salud sustentable en el tiempo, que permitirá reducir los contagios y, en definitiva, los fallecimientos.